WORD                       HTML

 

La negociación de la identidad en Sofía de los presagios

de Gioconda Belli

Elizabeth Montes

(U of Calgary)

 

La obra novelística de Gioconda Belli incluye tres obras: La mujer habitada (1988), Sofía de los presagios (1990) y Waslala (1997). Aunque su primera novela obtuvo gran atención de la crítica y fue traducida a varios idiomas, Sofía de los presagios sin embargo, no ha tenido La misma recepción. Sin embargo, Laura Barbas Rhoden (“The Quest for the Mother in the Novels of Gioconda Belli” 89) considera que la novela no es una narrativa tan bien lograda pero destaca la manera en que tanto en La mujer habitada como en Sofía de los presagios las protagonistas se enfrentan a la carencia de un pasado que las nombre y por ello buscan fuentes de poder a través de la conexión con figuras maternas que les proveen un pasado. Por su parte, Arturo Arias, en “Gioconda Belli:The Magic and/of Eroticism” sostiene que Sofía de los presagios encaja en la tendencia de finales de los ochenta de publicar narrativas aparentemente convencionales que, sin embargo, esconden un intento por de crear un espacio para una contundente revaluación ideológica del papel asignado socialmente a sujetos marginales como los indígenas y las mujeres. Dicha revaluación se logra en la novela mediante la utilización de la magia y el erotismo. Este ensayo parte de esta idea y la proyecta un poco más allá ya que propone analizar cómo en Sofía de los presagios, Belli utiliza el contraste entre la voz y la visión narrativas como vehículo para negociar no solamente el papel del sujeto femenino sino los conceptos mismos de etnia y género.

 

En Subject to Negotiation: Reading Feminist Criticism and American Women’s Fictions, Elaine Orr propone el concepto de negociación en los siguientes términos: “negotiation is first of all a name for the subject’s construction of a self -and a politics and a text- through artful movements among discreet and even competing loyalties and laws.” (xi) El objetivo de la crítica es ofrecer una nueva manera de aproximarse a los textos e ir más allá del modelo contestatario del poder patriarcal tan frecuente en los estudios feministas. Es decir, negociar implica la afirmación del ser individual a través del cambio de posición constante con respecto a las normas establecidas. Además de la definición del término, Orr ofrece una clasificación las novelas según los tipos de personajes que se utilizan. Dentro de dicha clasificación, Sofía de los presagios corresponde al primer tipo según la cual la protagonista es un personaje que funciona entre dos mundos: el dominante y el subordinado con la conciencia de que esas denominaciones en sí son inestables. (45)

 

Sofía de los presagios es la historia de una niña de origen mixto, entre gitano y payo (campesino nicaragüense) que se pierde en una de las peregrinaciones de sus padres y termina en El Diriá, un pueblo en el que dos viudos Eulalia y Ramón la adoptan como su hija. Desde su llegada al Diriá, la niña despierta una profunda controversia en la población porque por un lado se la ve como “cosa del Diablo”, un “presagio extraño” de “mal agüero” (15) y por el otro, los campesinos se compadecen de ella porque ha sido abandonada por sus padres y le ofrecen “hojuelas” y “dulce de alfeñique” (15). Sofía despierta los sentidos de los habitantes de El Diriá y hace consciente al lector de los perjuicios que se mantienen en las comunidades rurales nicaragüenses con respecto al ancestro racial y al papel social de la mujer.

 

La negociación en esta obra se observa en tres etapas de la vida de la protagonista. En un primer momento, la negociación se aprecia en la infancia de Sofía en la cual manipula los conceptos de origen racial y la idea preconcebida que el sexo del individuo determina la labor a la que se dedica en la vida. En la segunda etapa o la del matrimonio, la protagonista negocia con los espacios a los cuales se la constriñe de acuerdo con su género. La tercera etapa que corresponde a su divorcio, la protagonista se procura un espacio para legitimar su condición de gitana y mujer en la vida de su comunidad rural en el contexto de la Nicaragua post-revolucionaria.

 

El primer paso de la protagonista para afirmar su subjetividad en El Diriá es negociar su diferencia étnica y su condición femenina en un contexto en el que se privilegia al varón. El contraste entre la voz y la visión en el texto hacen evidente la inteligencia de la protagonista para transformar la diferencia en una ventaja. A pesar de que la focalización a través de los ojos de la protagonista hace saber al lector que Sofía “No puede decidir qué es “ (19) la narradora en tercera persona señala: “[...] en los juegos infantiles cambia de rol con gran facilidad asimilándose a los demás o amenazándolos con los poderes mágicos de su oscura raza” (19). Sofía juega con los niños y las niñas del pueblo y cuando se ve en dificultades apela a su condición gitana para intimidarlos con la idea que los convertirá en “sapos” o en “príncipes encantados” (19) según sus caprichos. Aunque ella tiene dudas con respecto a la identidad propia, el origen racial que la separa de otros niños se convierte en una ventaja porque en lugar de que su ancestro gitano se convierta en un instrumento para relegarla al ostracismo, se transforma en una herramienta para ejercer el poder sobre los demás.

 

Sofía también negocia en términos de género ya que en la compañía de su madre adoptiva Eulalia aprende a realizar actividades que se consideran típicas de las mujeres como coser y cocinar y al mismo tiempo, ayuda a su padre Ramón en las labores administrativas de la hacienda. La narradora afirma:

 

(Sofía) Da muestras de cualidades femeninas y hacendosas en las largas tardes en que Eulalia le enseña a coser y cocinar; pero también hace la fiesta de Don Ramón demostrando su capacidad de jinete en briosos caballos pura sangre y acompañándolo en las rondas del pago de planillas y en excursiones al Mombacho, el volcán trunco que es un mundo contenido en sí mismo. (20)

 

Al aprender a desempeñar tanto las labores domésticas como la tarea administrativa de la hacienda, Sofía desestabiliza los papeles tradicionales de domesticidad asociada a la mujer y de control de los asuntos financieros asociado con los hombres. Además, cruza los límites entre el espacio privado de la casa en el que se reduce a las mujeres y el espacio público del manejo de los bienes reservado a los hombres tan común en el ambiente rural latinoamericano.

 

Sin embargo, cuando Sofía llega a la adolescencia y a la juventud el poder y la fascinación que ejerce sobre los demás se trueca en su contra ya que su origen gitano se asocia con el poder erótico femenino que en el contexto nicaragüense se percibe como una anomalía que seduce pero al mismo tiempo necesita controlarse para asegurar la supremacía sexual del varón. La voz de la narradora revela cómo Sofía ejerce una incontrolable atracción en todos los hombres del Diriá incluido Rubén, el hombre celoso y posesivo que se convierte en su marido: “Nunca ha dejado de fascinarles la historia de la muchacha” (24). Cuando Sofía baila durante su graduación del bachillerato, la focalización se centra en la mirada de los asistentes a la fiesta quienes observan como “El vestido amarillo de organza se convierte en vestido rojo de bailaora de flamenco”(24). La focalización centrada en Rubén en el momento en que Sofía baila con Rogelio comunica al lector los celos que éste experimenta y su determinación de casarse con la gitana para controlar el poder erótico que ella ejerce en los hombres:

 

Es con él que se va a casar la Sofía. [...] El mismo la va a acompañar a la iglesia los domingos y la va a mantener cargada como escopeta de hacienda, preñada, hasta que se le acabe esa cinturita y se le pongan dulces y maternales esos ojos que brillan demasiado, que son un peligro para ella que ni cuenta se da cómo queda viendo a los idiotas que se derriten cuando ella los mira. (24).

 

En efecto, Rubén, el típico macho latinoamericano, pretende tener bajo control el poder erótico de Sofía y ésta no se percata aún de su capacidad seductora. Para garantizar este objetivo y debido a que Sofía llega a la boda montando al galope a su caballo Gitano, René la encierra en una casa que le manda construir “rodeada por un muro” porque alega que: “Todas las gitanas son putas.” (32)

 

El mundo idílico de la infancia en el que Sofía fácilmente pasaba de la esfera privada a la pública se transforma ahora en un espacio cerrado donde ella es un objeto dominado por su marido. Rubén se imagina a sí mismo como el “hombre preñador” (42) que ejerce cada noche su prerrogativa de copular con ella en un rito que resulta una verdadera tortura para la protagonista quien señala que: “ Cuando él la toca, trata de desaparecer en su cuerpo. Sólo no estando, imaginándose lejos, puede soportar aquella violación cotidiana.” (43)

 

A pesar de estar en una posición subordinada, Sofía encuentra la manera de desestabilizar esa dicotomía de opresor/oprimido porque ella tiene conciencia de ésta estructura no es inmodificable ya que: “vivirá encerrada buena parte de su vida, su juventud entera quizás, pero nunca toda su existencia.” (39). Sofía no se deja amilanar por el abuso de su marido y se rebela calladamente utilizando pastillas anticonceptivas que impiden que quede embarazada diluyendo de ese modo la fantasía de Rubén de afirmar su masculinidad a través de la paternidad. Esta estratagema tiene éxito, cuestiona ampliamente la imagen del “hombre preñador” y le otorga a Sofía el control sobre su proceso reproductivo.

 

A pesar del control férreo que ejerce Rubén sobre Sofía, ésta negocia desde su posición de subordinación y consigue varias prerrogativas en medio de su encierro. Una de ellas es la posibilidad de crearse un espacio para ella sola, un lugar en el que su marido no tiene entrada ni puede ejercer su control porque es un espacio femenino al que él no querrá tener acceso dada su profunda homofobia: “Con la ayuda de Petrona, la doméstica, Sofía se pasa el resto de la tarde jalando mesitas y mecedoras de los otros cuartos y se hace un lugar para ella sola. “ (35) El cuarto se convierte para Sofía no solamente en el costurero donde borda blusas sino un lugar especial en el que se dan cita la mayor parte de la gente del pueblo cuando Sofía decide aceptar “el llamado de su sangre gitana” (54) y aprender de Doña Carmen el don de leer el futuro en las cartas del Tarot. Si bien Sofía no ejerce el control sobre su propia vida, si consigue tener influencia sobre el destino de los demás al convertirse en la pitonisa más afamada del Diriá.

 

Otra de las maneras que negocia Sofía para desestabilizar el esquema de dominación al que se encuentra reducida y encontrar un espacio para autodefinirse es el acceso a una línea telefónica. Sofía acepta la sugerencia de su primo Fabio para convencer a su marido de obtener una línea telefónica que le permita comunicarse con él y tener noticias del mundo exterior. Sin embargo, a través del teléfono, Sofía logra descubrir su gran capacidad de seducción a través de la reapropiación de su origen gitano. Un día, Esteban, un abogado de Masaya, la llama por equivocación al número de su casa. Ante la pregunta de “¿Y qué hace usted?”, Sofía responde: “Soy gitana. Leo la buena fortuna”. (60) Esteban queda inmediatamente interesado en continuar sus conversaciones y los intercambios telefónicos se convierten en una confesión mutua de frustraciones personales que le permite a Sofía no solamente erotizar a su interlocutor y desligarse de su realidad cotidiana sino también concientizarse de la gran capacidad que posee de seducir a los hombres con su voz y su asociación con su origen gitano.

 

Ahora bien, mientras que Sofía utiliza su asociación con el ancestro gitano como una manera de autoafirmarse como mujer, la gente del pueblo, encabezada por Patrocinio, la dueña de la taberna, demonizan la imagen de Sofía para salvar la reputación herida de “hombre preñador” de Rubén. Mediante la focalización interior la narradora señala que Patrocinio considera que: “ A ella nunca le gustó la tal Sofía. Era absurdo creer que un ser tan extraño, venido de la profundidad de la noche, pudiera ser igual que ellos.” (60). Según Patrocinio: “toda la gente (del pueblo) había compadecido al pobre René teniéndose que casar con aquella mujer sucia” (60). Además era obvio que Sofía no quería tener hijos de René porque “Seguro que el diablo subiría cualquier noche a preñarla” (60). Es decir, la identidad de tanto Sofía como de Rubén se maneja en términos de estereotipos que se enfrentan uno a otro y cuya validez se erosiona en el proceso. Como señala Homi Bhabha: “Cultural difference is to be found where ´loss of meaning´ enters as a cutting edge, into the representation of the fullness of the demands of culture.” (313) Debido a la manera como Sofía negocia su relación de subordinación con su marido, el estereotipo del macho reproductor se deteriora al igual que la versión de la mujer sensual y demoníaca que promueve Patrocinio. Es imposible para los habitantes del Diriá aceptar el poder reproductor y la fuerza de René ni tampoco los manejos demoníacos de Sofía.

 

La protagonista de la novela despliega una gran capacidad para cruzar las fronteras culturales establecidas y encontrar un espacio para su afirmación individual negociando alternativamente su origen mixto y su condición de mujer hacendada en la Nicaragua post-revolucionaria. Después de la muerte de los padres adoptivos de Sofía, ésta adquiere el control financiero de la hacienda de su padre y decide finalmente dejar a su marido. Divorciarse de René implica que Sofía se convertirá en una mujer que tiene no solamente el control de su cuerpo sino también una posición de poder en términos económicos. No obstante, el pueblo del Diriá no está preparado para aceptar esa realidad ya que los ideales de la Revolución Sandinista con respecto a la igualdad entre hombres y mujeres no han afectado el imaginario nacional. Es de nuevo la recursividad de Sofía que le permite negociar un espacio para establecerse a sí misma en la comunidad del Diriá. A pesar de que en sus conversaciones con su amiga Gertrudis, Sofía confiesa que no tiene país (68), recurre a la ayuda de Xintal, una yerbatera de origen indígena que vive en el volcán del Mombacho. Mediante su interacción con Xintal, Sofía logra encontrar una identidad propia al asumir enteramente su poder erótico y su condición de gitana como fórmulas para encontrar un espacio en el contexto de la nación.

 

Una vez regresa a su hacienda, Sofía invita a toda la población a una fiesta en su casa. Los pobladores del Diriá olvidan sus aprehensiones con respecto a su origen gitano de Sofía y asisten gustosos a la fiesta incluyendo a la nueva pareja conformada por su ex-esposo Rubén y su amiga Gertrudis. En la reunión, Sofía asume la tarea de seducir a Jerónimo, el abogado que contratara para tramitar su divorcio de René, con el único propósito de quedar embarazada. Una vez consigue su objetivo, Sofía deja a su amante y se dedica a preparar el nacimiento de su hija. Una vez que su hija Flavia nace, el pueblo se reconcilia con ella y la acepta como madre soltera. Es decir, en el proceso paulatino de negociación de los esquemas culturales asociados con la mujer Sofía ha conseguido no solamente cruzar la frontera racial sino también el imperativo de los atavismos asociados a la figura femenina. Ahora Sofía no solamente puede tener el control sobre su cuerpo y ejercer el poder seductor sino que también puede desempeñar sus funciones de madre sin depender del control masculino. Además, Sofía se ha convertido en la hacendada más poderosa del lugar porque es capaz de administrar los asuntos de la hacienda.

 

En Sofía de los presagios Gioconda Belli nos ofrece una novela de propuesta aparentemente sencilla porque la historia sigue una secuencia linear y cronológica. Sin embargo, la obra encierra una profunda complejidad porque el uso de la voz y la visión nos permite a los lectores concientizarnos de la manera en que la protagonista negocia con los términos de género y étnia. Sofía es un personaje que opera en medio del mundo del dominador y del dominado y desde la esfera de la subordinación desestabiliza las relaciones de poder para crearse un espacio habitable desde el cual se afirma como individuo con todas sus diferencias.

 

 


Obras citadas

 

Arias, Arturo. “Gioconda Belli: The Magic and/of Eroticism” in Claudia Ferman, ed. The Postmodern in Latin and Latino American Cultural Narratives. New York: Garland, 1996. 181-199.

 

Barbas Rhoden, Laura. “The Quest for the Mother in the Novels of Gioconda Belli.” Letras Femeninas. 26(1-2), 81-79.

 

Bhabha, Homi. The Location of Culture. London: Routledge, 1994.

 

Castillo, Debra. Easy Women: Sex and Gender in Modern Mexican Fiction. Minneapolis and London: U of Minnesota P, 1998.

 

De Lauretis, Teresa. “Gender Symptons, or, Peeing Like a Man” Social Semiotics. 9(2): 1999.

 

Neil Orr, Elaine. Subject of Negotiation: Reading Feminist Criticism and American Women´s Fiction. Charlottesville and London: The UP of Virginia, 1997.

 

Text - Copyright © 2004 Elizabeth Montes