_MARTA
DE ARÉVALO
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Comentarios
críticos sobre
La
madre de los siglos
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Juan
Ruiz de Torres (España, diciembre de 2009)
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Marta de Arévalo,
premiada poetisa, ensayista y divulgadora cultural uruguaya, dirige desde
hace décadas el grupo BLANCO, dedicado a la difusión de la
poesía; dicta cursos, edita una revista, convoca premios; una labor
encomiable en un mundo cada vez más seco a la poesía. Y su
obra, siempre meditada, siempre llena de espiritualidad, admira también
siempre al lector. Así, esta pequeña obrita, pero en cuya
docena de poemas se recoge una visión iluminada de la Creación,
con óptica femenina. La plaqueta, dividida en dos partes ("Llave
y círculo" y "Inefable creadora") contiene poemas escritos en forma
de cuartetos (a veces, tercetos) alejandrinos romanceados. En un lenguaje
hondo, a veces profético, otras místico, incluso reiterativo
para ahondar más el mensaje, desgrana su personal visión
de la creación. Un ejemplo lo dejará más claro: "En
vuelos, la Sublime Esencia de los mundos, / el velo de la alianza rasgaba
en el misterio. / La noche le dio paso, le dio paso a la imagen / y en
suma de armonía se abrió paso en el Sello." Unos versos que
incitan a la personal reflexión sobre los temas que presenta la
autora.
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Nelson
Guerra (Uruguay)
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El tema no
puede ser más conmovedor ... En los poemas de este libro encuentro
algo que me fascina. Algo así como si Astarté accediera a
despojarse de sus velos, y siempre conservase alguno. Hay un dulcísimo
tormento en eso.
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Profesor
Gerardo Molina (Uruguay)
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"Ante tanta
ineptitud desarrapada" –como diría el insigne escritor cordobés
Juan Filloy– reconforta recibir un libro de Poesía, de la única,
de la auténtica poesía. Profundo y en veces místico,
misterioso y sugerente, el verso asciende a cumbres sólo accesibles
a los elegidos. Poema esencialmente polisémico, de cada lectura
el lector volverá con una nueva cosecha de rosas. Enhorabuena.
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Sylvia
Simonet
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La madre
de los siglos, de Marta de Arévalo, es un libro que no transita
por los caminos más usuales de la poesía que solemos encontrar,
sino que nos enfrenta a un tema fuera de lo común. Nos habla de
una Diosa primordial, antigua y actual a la vez.
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Esta madre
de los siglos que cantan los poemas del libro es inequívocamente
la Gran Madre, la antiquísima divinidad femenina que ya en la época
Paleolítica y a través del Neolítico agrícola
fue venerada en el mundo antiguo desde la India has Irlanda y que aparece
igualmente en otros lugares de la tierra: América, África
y Oceanía. Ya en tiempos históricos es divinidad importantísima
que encontramos con distintos nombres en muchas culturas: Inana e
Istar en Mesopotamia e Isis en Egipto, por nombrar la más conocidas.
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Es la diosa
de la fertilidad, fuente perenne de la vida, dueña, señora
y rectora del mundo natural. Es la madre de donde todo procede y a donde
todo regresa. Es preservadora a la vez que destructora. Ella da y ella
quita. La concepción mística de esta divinidad la presenta
de personalidad dual, que también en ocasiones se manifiesta en
la bisexualidad.
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Esta
diosa polifacética tiene igualmente el poder de volver de la muerte,
o sea, la capacidad de morir y renacer. Es “la que hoy vuelve por la rutas
insignes de lo oculto”.
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En la segunda
parte del libro se nos ofrece una sugestiva y seductora descripción
de la creación de mundo que nos trae reminiscencias de la más
antiguas cosmogonías de la humanidad.
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Todos estos
conceptos la autora presenta en vueltos en una particular atmósfera
de misterio y belleza, realzada por el fino vocabulario y la atrapante
melodía del ritmo de los versos.
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La abundancia
y esplendor de la imaginería deslumbran. Se podría componer
una magnífica letanía con todos los nombres y atributos que
se dan a la Diosa: sacerdotisa astral, la del áureo perfil, maga
de sol y de espejos, Eva eterna, inefable creadora, la Antigua Amanecida,
Divina Sapientes, la viviente de arpegios, son algunas de las expresiones
usadas.
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Pero no se
habla de la diosa solamente de un modo objetivo, sino que también
se habla de una especial relación personal con la autora. Relación
que parece extenderse en el tiempo de un modo portentoso desde un pasado
indefinido: “hace siglos y en tierra que no tengo memoria”, hasta el presente:
“el aire azul de Acuario te ofrece en rama y miel”. (Sabemos que actualmente
estamos transitando por la era de Acuario).
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Hay mucho
de esotérico en la obra. No todo se pone de manifiesto claramente
ni se muestran los secretos más profundos. La propia diosa aparece
diciendo:”Sea tu palabra un rastro del ala de mi sombra” y añade:
”Guarda mi luz –tu luz- en el profundo espejo”
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Las metáforas
de Arévalo ocultan más de lo que revelan y recordamos que
verdad es patrimonio de los elegidos.
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